¿Quién cuida a quien cuida?

Burnout parental, alocrianza y redes de apoyo.

Septiembre vuelve con el colegio, el trabajo, los horarios, las actividades, las comidas, los desplazamientos y la organización diaria.

Y para muchas familias vuelve también una sensación conocida: tener que sostenerlo todo a la vez.

La vuelta a la rutina puede hacer especialmente visible una realidad que no pertenece únicamente a septiembre. Criar implica cuidar, organizar, anticipar, acompañar emocionalmente, tomar decisiones y responder continuamente a las necesidades de otras personas. Todo ello mientras seguimos trabajando, manteniendo una casa, cuidando nuestras relaciones y tratando de encontrar espacio para nosotros mismos.

Cuando esa exigencia se mantiene durante demasiado tiempo y los recursos para afrontarla resultan insuficientes, podemos empezar a hablar de burnout parental o agotamiento parental.

Pero hay una pregunta que merece la pena plantearse antes:

¿es realmente un problema que deba resolver cada familia por sí sola?


El burnout parental va más allá de estar cansado después de un día complicado.

La investigación lo describe como un estado relacionado con un agotamiento intenso asociado al rol parental, que puede acompañarse de sensación de saturación, distanciamiento emocional y de la percepción de no ser el padre o la madre que uno era o quería ser.

Y sabemos también que no depende de una única variable.

Una revisión sistemática publicada en 2024 encontró factores relacionados con la persona, la relación de pareja y con los hijos, pero también factores comunitarios y sociales, entre ellos el apoyo social disponible.

Por tanto, quizá sea demasiado sencillo interpretar el agotamiento únicamente como una cuestión de organización personal, resiliencia o capacidad para “poder con todo”.

Existe un concepto especialmente interesante para entender esta cuestión: la alocrianza.

En investigación, alloparenting hace referencia al cuidado de los niños realizado por personas distintas de sus progenitores. Los seres humanos hemos dependido históricamente de redes de cuidado en las que podían participar familiares y otros miembros de la comunidad.

Abuelos, tíos, hermanos mayores, vecinos, amigos…

La crianza era, en muchos contextos, una ocupación compartida.

Esa es precisamente una de las ideas que planteábamos en nuestra reflexión original.

Hoy la realidad de muchas familias es diferente.

Los apoyos pueden encontrarse lejos, las jornadas laborales condicionan los tiempos, existen más desplazamientos y la vida comunitaria espontánea tiene menos presencia en muchas ciudades.

Y, sin embargo, seguimos esperando que madres y padres puedan criar, trabajar, sostener la casa, cuidar sus relaciones, estar emocionalmente disponibles y cuidar de sí mismos todo al mismo tiempo.

Quizá la pregunta no debería ser únicamente “¿por qué no consigo llegar a todo?”, sino también:

¿por qué esperamos poder hacerlo todo solos?

Desde la Terapia Ocupacional, el bienestar no depende solamente de realizar muchas actividades, sino también de cómo se distribuyen nuestras ocupaciones y del significado que tienen en nuestra vida.

El concepto de equilibrio ocupacional hace referencia a la percepción de equilibrio y satisfacción respecto a nuestra participación en actividades significativas, y existe un creciente interés científico por su relación con la salud y el bienestar.

Cuando faltan apoyos, no solo aumenta la cantidad de tareas.

También pueden empezar a desaparecer actividades necesarias para estar bien:

  • descansar y dormir;
  • mantener relaciones significativas;
  • disponer de ocio y juego;
  • cuidarse;
  • participar en la comunidad y sentir que pertenecemos a ella.

Cuando la crianza desplaza durante mucho tiempo otras áreas importantes de nuestra vida, podemos utilizar la perspectiva del desequilibrio ocupacional para comprender mejor lo que está ocurriendo.

Y esto cambia ligeramente la pregunta.

En lugar de preguntarnos únicamente qué debería hacer diferente esa madre o ese padre, podemos preguntarnos también:

¿qué apoyos y qué condiciones necesitaría esta familia para que su vida cotidiana fuera más sostenible?


Cuando a la crianza se añade otra capa: la neurodivergencia

Para algunas familias existen además necesidades adicionales de coordinación.

Acompañar a un niño neurodivergente puede implicar citas con distintos profesionales, coordinación con el colegio, terapias, trámites administrativos, adaptación de rutinas, anticipación y una búsqueda continua de recursos y apoyos.

No significa que el niño sea “el problema”.

Significa que el entorno no siempre proporciona de forma sencilla los apoyos que ese niño y su familia necesitan.

La investigación realizada con familias de niños autistas, por ejemplo, señala la relevancia del estrés parental, del acceso a servicios y de diferentes factores familiares y sociales.

Por eso, cuando hablamos de neurodiversidad y desarrollo infantil, acompañar al niño sin mirar cómo está su familia puede dejar fuera una parte importante de la realidad.

Cuidarse importa. Descansar importa. Encontrar momentos propios también.

Pero responder al agotamiento parental únicamente con un “tienes que cuidarte más” puede quedarse muy corto si la persona sigue soportando la misma carga con los mismos recursos.

A veces lo necesario pasa también por:

  • Redistribuir tareas
  • Construir redes
  • Pedir ayuda
  • Revisar expectativas
  • Proteger espacios propios
  • Coordinar mejor los apoyos profesionales y educativos
  • Adaptar las rutinas familiares
  • …

No todas las familias necesitan lo mismo.

Por eso resulta más útil comprender primero qué está ocupando demasiado espacio, qué ha desaparecido de la vida cotidiana y qué apoyos faltan.

Acompañamiento a familias en Granada

En TRASTeO, centro de desarrollo infantil en Granada, entendemos al niño dentro de los entornos en los que vive: familia, colegio, relaciones y actividades del día a día.

Nuestro trabajo desde la Terapia Ocupacional infantil, atención temprana, psicología infantil, adolescente y adulta, logopedia infantil, fisioterapia pediátrica y otras áreas del neurodesarrollo no busca únicamente intervenir sobre una dificultad concreta. También prestamos atención a cómo esa situación está influyendo en la participación y las rutinas de toda la familia. Este enfoque forma parte de la manera de trabajar que TRASTeO ya describe en su modelo de acompañamiento.

Porque muchas veces entender qué está ocurriendo es el primer paso para encontrar apoyos más ajustados.

Y si el agotamiento es intenso, persistente o está afectando de forma importante al bienestar emocional o a la relación familiar, es recomendable solicitar valoración de un profesional sanitario adecuado.

Quizá el burnout parental sea, al menos en parte, un fenómeno social que con demasiada frecuencia intentamos resolver de manera exclusivamente individual.

El tiempo importa.

Los apoyos importan.

Los entornos importan.

Y poder seguir siendo algo más que la persona que cuida también importa.

Cuidar no debería significar perderse dentro del cuidado

¡Comparte este post!

Otros posts