Existen muchos niños que experimentan dificultades con la alimentación. Estas dificultades son variables (perfil sensorial del infante, particularidades de los alimentos, características sensoriomotoras, habilidades de masticación, relación familiar, relación de la familia hacia los alimentos…), lo que hace que los problemas de alimentación constituyan un caso complejo de abordar.
Estos niños pueden mostrar reparo, temor, asco y ansiedad por comer. Son bastante selectivos y tienen una dieta muy restringida con alimentos muy específicos o particularidades con las características de los alimentos: forma, color, sabor, temperatura, textura, dureza, modo de cocinarlo, marcas de los alimentos, los horarios, hábitos alimenticios, con los útiles de alimentación (platos, vasos, cubiertos…), o comer con personas diferentes u otros contextos.
El denominador común, sin embargo, se traduce en una preocupación, miedo y ansiedad por parte del infante y del adulto. Esta situación provoca que el adulto responda con presión, coacción o soborno hacía el niño con respecto a la alimentación, donde, a su vez, el infante evita/se protege, aumentando el estrés y fortaleciendo la experiencia negativa del infante hacia nuevos alimentos y/o experiencias a la hora de la comida.
Entender dichos desafíos y adoptar una posición respetuosa y sensible que cree un vínculo de confianza entre los infantes y sus familias en relación a la alimentación, conforma la hoja de ruta para disminuir el estrés y conseguir el éxito.
Para obtener resultados diferentes con tus hijos, algo debe de cambiar. Ayudemos a nuestros niños a aprender a explorar nuevos alimentos, tolerar la novedad y a desarrollar su confianza alimentaria.